Domingo, abril 20, 2014
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Deportes en serie y televisión social

Por José Manuel López/ Madrid

Aumenta tu frecuencia cardíaca y la presión sanguínea. Descuidas el ritmo respiratorio. Sudas. Las pupilas se dilatan. El cuerpo humano posee unos 650 músculos y los sientes todos tensarse mientras aprietas la mandíbula. La adrenalina –hormona que segregamos ante una situación de emergencia– se dispara. ¿Qué está sucediendo? Bien podría tratarse de la reacción normal antes de practicar un deporte de riesgo o de lo que experimentas ante un claustrofóbico interrogatorio en ‘Homeland.

Uno puede pensar que no es para tanto, pero la relación entre la ficción y el ‘mundo real’ parece tener evidencias científicas. Hace unas semanas leía, asombrado, el siguiente titular: “Las películas de terror queman calorías”, seguido de una explicación al mismo: “El promedio de calorías quemadas por ver una cinta de terror de 90 minutos es de 113”. ¿Qué podemos deducir de esto? ¿Una buena tabla de ejercicios ‘seriéfilos’ a base de ‘American Horror Story y ‘The Walking Dead’ pueden ayudarnos a llevar una vida sana? Qué decir tiene si unimos este potencial a un ejercicio físico real. Y es que, como apunta Juan Manuel Fernández (@juanmafdez), periodista de El Confidencial-Vanitatis y especializado en cine y televisión, en muchos gimnasios ya hay cintas o bicicletas que cuentan con aparatos de DVD en los que se emiten series.

Elena Neira (@Elena_Neira), experta en marketing y redes sociales, hace referencia precisamente al fenómeno ‘zombie’ “que ya viene fraguándose algunos años y ha encontrado una curiosa sinergia deportiva: carreras zombis con inscripciones para ser corredor o muerto viviente. La idea es hacer recorridos en bosques y que, mientras haces tu circuito, te asalten los muertos vivientes”. Series de televisión y deporte encuentran puntos en común. Juan Manuel lo tiene claro: “Igual que se dice que se puede hacer deporte sin moverse del sofá, puedes ver la televisión sin moverte de la bicicleta”.

Las series están de moda y algunos las califican como “el nuevo cine”. Supongo que los mismos que lanzaban esa proclama de que los jueves eran los nuevos viernes. Y, aunque la fábrica de sueños ‘seriéfila va más allá con su ‘claim “no es televisión, es HBO”, ellos pueden permitírselo. No obstante, son los responsables de joyas como ‘Los Soprano’, ‘Treme’, ‘The Wire’, ‘How to make it in America’, ‘Game of Thrones’, ‘Boardwalk Empire’… Series que han establecido unos parámetros mínimos tanto de calidad técnica como de narrativa audiovisual. De ahí que nadie se tire de los pelos cuando el crítico Jordi Costa regala titulares como “Shakespeare escribiría hoy para la HBO”.

Y tanto que escribiría.

Y si, por una parte aumenta la exigencia de calidad en el mercado, por otra la televisión en general -sus contenidos y consumo- está cambiando. Se orienta como una plataforma, no ya bidireccional sino social, dejando de ser cada vez menos una caja tonta y cada vez menos una pequeña pantalla. De la mano de ciertas novedades tecnológicas, la usabilidad de las redes sociales y relevantes cambios socioculturales en el conjunto de la sociedad y en el espectador en concreto, también podemos hablar de una inminente revolución de contenidos. Se busca la creación de experiencias, una inmersión en el universo narrativo del contenido en sí, que materialmente se transforma en un producto ‘transmedia’ consumido en diferentes pantallas y susceptible de permitir interactuar a la comunidad creada en torno al mismo. Y es que, como explica Juan Manuel, “desde la llegada de las redes sociales, es imposible imaginar el consumo de series de televisión sin ellas”.

En este sentido, la llamada ‘televisión social’ parece orientar un especial hincapié en la ficción televisiva y el deporte. Y, aunque ambos productos pueden tener más en común de lo que pensamos, competirán en dos ‘televisiones diferentes. La retransmisión del deporte en general sigue perteneciendo en su mayoría al mundo del directo (junto con los ‘reality shows’), mientras la ficción televisiva se orientará al VOD (‘video over demand’) de escoger dónde y cuándo ser consumida gracias a las primeras iniciativas de televisión híbrida.

Entonces, ¿qué tienen en común? Según Elena Neira “las series se han contagiado de ese ‘sentir los colores’ tan propio del deporte, y que ahora se hace extensivo a la amplia oferta de ficción de las cadenas. No ya entre series-competencia. El interés por los personajes de una misma serie también es susceptible de bandos. Los guionistas lo saben y lo explotan: ‘Juego de Tronos (¿Stark, Lannister o Targaryen?), ‘True Blood (¿Bill o Eric?)… La lista es interminable”.

Y dentro de ese incentivo al consumo, el espectador de series puede llevarlo a cabo en solitario, pero el disfrute final -lo que muchas veces hace que permanezca en el tiempo- es la capacidad de compartir emociones, sentimientos, conclusiones y recuerdos con la comunidad alrededor de esa serie. Y, aunque existe una tendencia cada vez mayor por parte del espectador de series a escapar de horarios y consumir contenido según su propia organización, también se recrea una experiencia final social. Mariló García (@yonomeaburro), jefa de sección de la revista Cinemanía y autora del blog Yonomeaburro, apunta un aspecto común más: “El deporte entretiene; une, creando un vínculo, y, sobre todo, obliga a marcar cierta disciplina. Con las series ocurre lo mismo”.

A nivel de contenidos, encontramos una amplia variedad de ejemplos de la relación entre deporte y series. Marina Such es periodista especializada en televisión y expone varias series que tocan el deporte de un modo u otro: “En ‘One Tree Hill’, al principio, sus dos protagonistas jugaban al baloncesto, y en ‘Friday Night Lights’era muy importante el fútbol americano, por ejemplo. Luego también estaba ‘Vivir con Mr. Cooper’, cuyo protagonista jugaba de vez en cuando en los Golden State Warriors, pero era un tema bastante tangencial”.

En este sentido, Mariló apunta que “el deporte rey de las series USA es el fútbol americano. ‘Friday Night Lights’ demostró que se puede ser neófito y disfrutarlo. Por no hablar del béisbol. El amor de Jerry Seinfeld por los Yankees es un ‘leitmotiv’ de la serie (hasta George Costanza trabajó para el equipo)”. Otros ejemplos son los relativos a ‘Glee’, ‘Hellcats’ y a personajes como el que interpreta Matthew Perry, “comentarista deportivo en ‘Go On’, un optimista que no ha superado la muerte de su mujer y que compara el baloncesto con sus vivencias en una terapia de grupo. Hay que asumir la derrota, hay reglas que no se deben saltar y hay que formar equipo, aunque te guste ir por libre”. Por último, Mariló recuerda a la gimnasta suicida que acude a las sesiones de ‘In Treatment’ como “otro ejemplo de cómo se refleja la dura competitividad del deporte en las series”.

Si no están siendo pocos los actores, actrices y directores del Séptimo Arte que se están pasando a la televisión, tampoco se quedan atrás los deportistas profesionales que también mantienen una vinculación con la ficción televisiva. Desde los españoles Pau Gasol y Alberto Contador (que participará en la serie ‘Fenómenos, de Antena 3), pasando por el eterno experto en artes marciales, Chuck Norris (‘Walker, Texas Ranger’), hasta terminar en los últimos que señala Marina: Amar’e Stoudemire y Danny Granger, dos jugadores de la NBA en ‘The Mindy Project.

¿Y qué sucede con la televisión en España? Dos cosas. La primera es que cada vez se consume más televisión (septiembre fue el mes de mayor consumo televisivo de la historia con 234 minutos de media). La segunda es que aquí el fútbol es sagrado, hasta el punto de mantener a día de hoy un mercado como es la televisión de pago. Sin embargo, como apunta Marina, aún no ha encontrado una forma de caminar junto a la ficción televisiva: “Es curioso, porque hasta ahora no se ha hecho ninguna serie ambientada en un equipo de fútbol profesional, pero tampoco sé si tendría éxito. Cosas como ‘Pelotas’ tenían el fútbol más como fondo que como centro de sus historias”.

Con todo, comienza a percibirse una cierta esperanza en la industria audiovisual en lo que a contenidos se refiere. Series como ‘Águila Roja’, ‘El Barco’, ‘Gran Reserva’, ‘Hispania’ o ‘Gran Hotel’ han tenido una buena acogida por parte del público. Ramón Campos,  productor y guionista en Bambú Producciones, habla de una ficción televisiva que “actualmente ha alcanzado un nivel narrativo cinematográfico con un modelo de producción eficiente. Hace apenas 20 años estábamos haciendo ‘Farmacia de Guardia’. Imagínate a dónde podremos llegar dentro de otros 20”.

Y es que en España también están trabajando con buenas series de televisión. Evitando las salpicaduras de la polémica suscitada en el cine por el tema de las subvenciones, las series siguen su camino esquivando también las comparaciones con el producto medio americano, pero sin amedrentarse. Hablamos de dos mercados peculiares y con notables diferencias demográficas, presupuestarias y culturales. Y como el propio Ramón señala: “Es injusto no sólo por recursos, sino por historia. Aunque ahora podemos mirar a los ojos a la ficción extranjera”.

Sólo queda por comprobar cómo recordará la historia esta etapa de nuestra televisión.

Alberto Contador

 

 

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